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miércoles, 5 de abril de 2017

Camino a las estrellas.

         Han pasado ya eones desde que el mundo se formó y el ser humano empezó a surgir. Más tiempo en realidad del que cualquiera podría recordar. La historia comienza cuando un grupo de humanos, consiguió no se sabe aún como, acceder a unos dones. Control sobre los elementos, las dimensiones, el tiempo, el espacio… Las mismas emociones se vieron guiadas por estas personas e incluso la suerte y el destino.
       Sin embargo muchos de ellos se corrompieron y empezó una cruenta batalla. Cada cual tenía un grupo de seguidores y así surgieron los llamados dioses y los apodados titanes. Pero viendo cómo se iba destrozando el mundo con sus batallas, decidieron dividir los territorios del planeta y elegir adalides entre esos mortales. Buscaron crear a héroes con habilidades y cualidades sobrehumanas que luchasen sus guerras en lo terrenal. Pero la corrupción también llegó a ellos y eso repercutió en una infinita ansia de control, poder y dominio sobre la tierra.
Pero habían tres continentes que no sucumbieron bajo ningún bando. Estos tenían unos protectores desconocidos que pasaban desapercibidos, gente con dones y cualidades especiales, preparados para cualquier lucha aunque preferían evitarlas a toda costa. Pero esto era una guerra por el dominio del mundo, así que… No habría ninguna paz hasta que un bando se alzara victorioso y esto nos lleva al fin, al comienzo de cómo estas personas, comenzaron su camino a la eternidad de las estrellas.



Aquí dejo el prólogo de mi otro proyecto, también cumpliendo aunque algo tardío el pedido que me hicieron sobre el tema de las estrellas. Espero que guste este relato, pues crecerá hasta ser una novela de verdad.

sábado, 28 de enero de 2017

Un Dios Nace

         Siempre desde que fui niño, me sentí atraído por las leyendas y los mitos. Excalibur, Mjolnir, Ang, Grungnir... Un sin fin de artilugios que esperan ser descubiertos. Porque cómo todos saben... Toda leyenda tiene algo de verdad.
         Esto me empujó a investigar en mapas de esos mismos mitos y leyendas y ansiar explorar el mundo, pues para mí, no hay nada mejor que descubrir la verdad tras lo oculto y olvidado.
         Por supuesto siempre habrá gente, personas poco gratas que quieran que esa verdad sea descubierta. ¿Y para qué? Para ellos tener un poder y un control que no merecen.
         Puede sonar prepotente, pero lo cierto es que yo tampoco me considero merecedor de dicho poder.
         Así que me embarqué en este viaje, por todas las tierras donde se encuentra el auge de la mitología nórdica. Viendo a otros buscando donde realmente no se encontraba nada.
         Me colé con sigilo y rapidez, entre en un bosque y tras un largo camino de unas quince horas lo encontré. Un antiguo templo y justo en las afueras una mesa, aún con su rastro de sangre por los sacrificios realizados a los dioses. Caminé, lento pero seguro y allí, en el rincón más oscuro les vi.
         Tres personas, haciendo una especie de corro donde hablaban una lengua que no entendía. De repente se callaron y miraron hacia mí, me señalaron con unos dedos huesudos y delgados, casi esqueléticos. Mi sorpresa, lo que provocó mi caída hacia atrás fue el susto al ver sus rostros.
         Dientes negros, pútridos, una nariz torcida y cortada, igual que si le arrancasen un trozo... Lo peor fue buscar sus ojos, piel quemada y cosida, anulando su capacidad de visión, notándose la malformación de los pliegues de piel.
        Entonces se levantaron y hablaron conmigo, seguía siendo su lengua, pero les entendí.
        -Tú que vienes en busca de una verdad absoluta e inexorable- dijo uno, a la vez que otro comenzaba a hablar.
         -Vienes por los antiguos objetos sagrados, incluida el agua del pozo de Mimir, para obtener sabiduría- alegó el siguiente y habló el último.
         -¿Qué estás dispuesto a sacrificar por la obtención de estos dones? ¿Qué es lo que ofreces por el poder que buscas?- preguntó el último.
         Miré a los tres fijamente, aguantando la... Repugnancia que causaban sus rostros y con serenidad, seguridad y firmeza respondí.
         -La verdad que aquí se oculta, es lo único que puede salvarnos, si no a nosotros, entonces al mundo del mal qué llevamos. Necesitamos alguien que nos guíe con la verdad... Y daré lo que sea necesario, si ese alguien aparece- respondí desde el fondo de mi corazón.
         En ese mismo instante los tres se rieron con fuerza, me viré hacia mi espalda temeroso de que nos oyeran, porque habían personas armadas por ahí.
         Sin embargo tras girarme al comprobar que no venía nadie, los tres estaban frente a mí y lamieron mi cara al completo.
         -Tú eres digno pues no lo buscas por un afán de poder propio.-
         -Los dioses té eligieron como su nuevo adalid para cambiar el mundo.-
         -Le pondrás fin a los corruptos, al mal de tu tiempo y tu mundo... A cambio... Deberás pagar un tributo en sangre.-
         Temblaba de miedo, no entendía que decían y se acercaban a mí con una lanza y una copa llena hasta rebosar de agua.
         Cuando me obligaron a beberla, casi perdí la consciencia... Jamás había sentido antes nada igual, todo el conocimiento,las visiones del pasado, presente y futuro... Cualquiera mataría por esto... Y cuando se acercaba la punta de la lanza la vi, una mano anciana que la agarraba, imponente y fuerte. Un hombre con un bastón en su otra mano y dos cuervos en su hombro.
          No era posible ¿el mismísimo Odín intervino? No creía lo que parecía que veía hasta que puso una mano sobre mi hombro. Entonces el mareo se calmo y pude ubicarme. Le vi mirarme, serio, orgulloso, se veía en él el porte del padre de todos los dioses nórdicos.
         -Puedes empezar a andar tranquilo hijo mío, pues esta agua y esta lanza te pertenecen, ya que su precio ha sido pagado.-
         No me lo creía, Odín me llamó hijo y me hablo... Como si fuese su digno igual. En ese mismo instante todo se volvió negro y me vi en la zona cercana a la cima de una montaña, donde se encontraba Mjolnir, el martillo de Thor.
          Cada vez estaba más asustado, pero oí a Odín diciéndome que avanzase tranquilo y seguro, mi cuerpo sabría qué hacer. Me di cuenta de un cambio, me faltaban los anulares de cada mano y mi cuerpo, mi propio aspecto había cambiado.
         Centré mis pensamientos y vi cómo debía hacer para conseguir llegar al martillo, de ese modo fui hasta él, y cuando lo sujeté, tiré con todas mis fuerzas, pero solo conseguí rodarlo levemente.
         Pero no me desanimó, simplemente significaba que aún no estaba preparado para él. Por lo que decidí avanzar en mi viaje, con una Grungnir bien escondida y una nueva fuente de sabiduría, llegando hasta Gran Bretaña.
         Ahí volví a encontrarme con la gente armada, pero esta vez repararon en mi, pues ellos tenían a alguien con mucha más experiencia de vida que yo. Digamos que no todos los que bebieron del Santo Grial eran tan nobles y honorables como los caballeros de la mesa redonda.
         Por lo que me pillaron desprevenido y me derribaron con un fuerte golpe en la cabeza. Así que esa es mi historia hasta este momento, triste pero cierto.
         A medida que recobro la consciencia, me doy cuenta que estoy en una celda, en una muy antigua celda... Aunque sin encadenar, pero esposado. Miré a mi alrededor. Cómo Grungnir no se podía notar ya que se ocultaba al ojo humano, la conservaba a mi espalda. Así qué sabiendo dónde dejé la hoja de la misma lanza, corté las esposas y la cogí usándola para salir de la celda y vi a aquellos hombres rompiendo tumba por tumba, buscando y sacando las espadas de los doce caballeros. Pero no estaba la del rey. Excalibur no se encontraba entre ellas. Sin embargo mostraban un gran poder y sabía que ese poder, no debía ser traído de nuevo al mundo. Conseguí salir a hurtadillas de allí y fui hasta el lago, donde Merlín escondió la espada devolviéndosela a la Dama del Lago. Y allí lance mi plegaria.
         -Dama del lago, os pido ayuda y compasión, pues los oscuros corazones ansían un poder que no debería despertar otra vez. Os imploro que me prestéis la espada Excalibur, para así erradicar este mal y os juro por mi honor, que os la devolveré sin más.-
         De repente se ve una luz y una hermosa mujer, de cabello brillante como el oro, una piel blanquecina como el reflejo de la luna, unos ojos penetrantes como el mismísimo mar y una voz comparable en belleza al canto de una sirena salió del lago.
         -¿Cómo podéis vos, extranjero, demostrar ese honor y esa dignidad de la que me habláis?-
         Decidí contarle mi historia, mi arrepentimiento fue contar lo de Mjolnir pues, me puso una prueba para demostrar mi honor y era poder llamar al martillo de Thor.
         Me concentré y grité, grité con todas mis fuerzas su nombre, haciendo mi corazón y mi alma más humildes y nobles, queriendo ser quien estaba destinado a ser, sin olvidar mis motivos para llegar a eso.
         Cuál fue mi sorpresa al oír truenos y ver relámpagos hacia mi dirección, entonces sentí un fuerte golpe en mi mano y oí mis dedos crujir. Mjolnir había respondido a mi llamado, superé la prueba y la Dama del Lago me entregó a Excalibur.
         -Espero cumplas tu palabra joven dios, pues nos convertimos en mitos por una razón. Ve a tu gesta y que tu honor quede intacto.-
         Al darme la vuelta, con Excalibur en mano, los vi, doce hombres, once armados con las espadas sagradas de los once caballeros y uno, esperando ansioso la que portaba yo.
         Mi cuerpo reaccionó solo, no entendía que pasaba, pero era como si Odín, Grungnir, Mjolnir y Excalibur me guiasen. Levante con fuerza ambas manos, portando el poder de Thor en una y la fuerza y el valor de Arturo Pendragon en la otra.

         Miré a mi objetivo, por primera vez en mi vida, sin sentir miedo, al fin era libre y lo entendí, por lo que grité con todas mis fuerzas el nombre Mjolnir y Excalibur, implorando la purificación de esas almas. Por esa misma razón fue, que una luz relampagueante fue hasta esos doce. Haciéndoles desaparecer y limpiando sus almas, saliendo de las espadas los once caballeros que iban a ser deshonrados. Dando las gracias y viendo también a Arturo Pendragon, guiando a sus compañeros hasta el descanso eterno y la paz que se habían ganado, mientras que yo, sostuve una a una las doce espadas y se las devolví a la Dama del Lago para asegurarme que jamás nadie las usaría para un mal. Mjolnir se quedó conmigo al igual que Grungnir y así fue, cómo Odín me aceptó, como un nuevo dios y el último guardián de este mundo, viviendo como un mortal.


Dibujo realizado por mi dibujante habitual: Dorian. 
Aprovecho este relato para agradecerte el trabajo que dedicas al dar un reflejo visual a mis relatos.

sábado, 15 de octubre de 2016

El último Guardia

          Todo comenzó con luz, pero no era natural aunque no lo sabía. Abrí por primera vez mis ojos y vi a una hermosa y gran mujer, además junto a ella, se encontraba un hombre robusto con una armadura del color de la sangre. Cuando luego vi, a aquel hombre con una túnica blanca, hizo un gesto y oí un golpe y sentí un dolor bastante agudo.
           Empecé a gruñir, parecía que sólo pronunciase la R. Sin embargo, lo que se pudo ver fue salir varios hilos finos de sangre de mis poros y como se dirigían a mi agresor, mientras este quedó impactado. Aunque no pasó nada, aquel hombre con armadura se interpuso y detuvo mis finos hilos mientras sonreía y yo reía al verle feliz... Pero no consigo ver su rostro real, solo esa expresión de sonrisa y escuché a la mujer decir lo siguiente:
            - Cariño, creo que su nombre debería ser R...-
           Me desperté bañado en sudor y miro mi brazo izquierdo, marcado con runas en formas de cicatriz, suspiro y veo a mis compañeros dormidos.
           Al dudar, más bien sabiendo que no iba a dormir más, me levanté y empecé a entrenarme. Cierro mis ojos y centro mi respiración, noto la presión del aire y en ese momento, justo cuando me coloco, oigo algo rasgando unas hojas y un leve silbido.
          Atrapé un virote de ballesta. Y sabía a quién pertenecía, así que con los ojos aún cerrados, alcé la voz y grite:
- ¡Décimo quinto heredero al trono del Reino del hierro... Estáis lejos de vuestro hogar, así que no puedo evitar preguntarme ¿qué os trae por aquí?!-
         El impertinente se aproxima, pero bien resguardado por sus fieles perros, mientras me viro dejando ver mi brazo izquierdo sin capacidad de movimiento.
-Bueno, me dijeron que habían unas cucarachas en mi bosque así que he venido a ver, a que se debe esta intrusión de unos inútiles como tú, manco.-
Atender a sus estupideces fue lo más agotador que he tenido que hacer en mi vida. Y volví a oír la voz de aquel hombre con armadura de sangre. En la que me decía “ los guardias del ocaso somos la espada de la magia, y la magia de la guerra. Pero nuestro objetivo siempre será el mismo, luchar por quienes no pueden.”
Fue entonces cuando un miembro de la caballería se acercó por mi izquierda para golpearme, pero cuando movió su brazo solo fue capaz de sentir como mi pierna golpeaba su cara y lo tiraba del caballo, mientras reía al verlo huir desbocado.
          El príncipe mando a sus caballeros a por mí, pero simplemente levanté la mano en señal de espera y los caballeros respetaron eso.
          En ese momento comencé a golpearme en las cicatrices del brazo izquierdo. Podía sentirlo, el poder volviendo a mi. Miré con bastante calma y lo sentí el terror naciendo en uno de los caballeros.
          - Intuyo, has oído hablar de los guardianes del ocaso, que una vez existieron en el Reino del Hierro.-
          El caballero simplemente asiente mientras el impertinente príncipe ríe diciendo que están extintos.
          Noto yo sonrío mientras rompo la última runa de mi brazo izquierdo y este libera un gran temblor junto a un as de luz que llenó los cielos y cuando por fin la luz se detuvo, solo quedaba un aura arcana rodeándome y una armadura completa echa de sangre del caballero que había derribado previamente.
         - Soy el último guardián del ocaso, no recuerdo mi nombre, pero tú recordarás mi apellido... Salbazar-
         Es entonces cuando agarrando una espada que es tan grande como yo, hago que brille con un fuego azul, rodeado de electricidad y un viento bastante violento que silbaba.
         - Hasta aquí llegasteis-
         Tras estas palabras simplemente levante la espada y al murmurar unas palabras, corte hacia ellos, pero estaba bastante lejos. Aunque eso no supuso un problema, la explosión que cause, arrasó la mitad del bosque que ellos ocupaban.
          Fue entonces cuando pronuncié esas palabras: “ yo soy la espada que guiará al mundo, soy la magia que puede protegerlo, soy un guardia del ocaso y mi labor es, permitir al mundo ver un amanecer más cada día.”




domingo, 11 de septiembre de 2016

Reinos de Amistad

Un mundo que fue devastado por las grandes guerras de la magia y la fuerza. Regidos únicamente por los más fuertes y los más sabios.
Una época en la que se destruyó toda la realidad, se juntaron tres jóvenes aventureros. Un monje con un bastón y una extraña máscara, una joven con un gran arco y un atuendo bastante cubierto y un chico bastante cubierto, ocultando su rostro con una capucha, portando dos espadas curvas de mano factura élfica y un arco.
Los tres, separados y desterrados de sus grupos decidieron tras un leve conflicto partir juntos. Ya que sus objetivos coincidían, crear su propio reino, tener un hogar que decir suyo y hacerlo en el reino más grande y fuerte que jamás ha surgido. Con el fin de proteger a todos los demás de los grandes abusos.
Al avanzar por los poblados cobraban recompensas por acabar con bandidos, rufianes y mercenarios. El chico arquero se encargaba con su lobo y su águila gigante de explorar todo el terreno hasta ubicar dónde estaban los bandidos, la chica usaba su arco para hacerlos salir y el monje enmascarado iba a una amplia velocidad hasta colocarse en el centro de todos y golpeando el suelo con su energía, provocaba una explosión mágica con viento, rayos y sonido.
- Otra aburrida actuación. Buen trabajo Zen.-
Dijo el chico montado en el águila.
- Si claro, pero... ¿Qué tal si bajas a echarme una mano? Son muchos esta vez.-
Alega el monje mientras oye los gruñidos de un lobo enorme.
- Entonces, procura que no se te vuelvan a escapar tres otra vez.-
Dice la chica montada sobre un lobo que es casi tan grande de alto como el chico montado en el águila. Cargando a tres derribados que se escaparon del monje.
- Es muy fácil decirlo cuando montas a Cronos, ese saco de pulgas con armaduras hace todo por ti.-
Gruñe el monje que al mismo tiempo huye del intento de Cronos de morderle mientras la chica se ríe.
- Cronos, para ya y Shian, deja de molestar a Zen.-
Dice el otro mientras aterriza con su águila gigante.
- Vamos Axtor, no seas aburrido.-
Comenta Shian entre risas.
Cuando por fin terminaron de cargar a los bandidos, se oye el rugido de un león y un grito que procedía de pocos metros. 
-¡Socorro! ¡Paladín! ¡Guerrero! ¡Alguien!-
Grita un mago que huía de un león enorme con una gran armadura conjunta.
- ¡Lord! ¡Para, no comemos a los amigos!-
Le grita Axtor mientras agarra al mago que estaba asustado.
- Espera... ¿Axtor? ¿Eres tú? O gloria bendita, pensé que estaría solo.-
- Jamás dejaría que Lord te comiese Joren. Deberías saberlo.-
Comenta Axtor con una sonrisa, mientras Shian se acerca montando sobre Cronos.
Los tres simplemente se abrazan al recordar los viejos tiempos y Zen se acercó al mago y le apuntó con su bastón.
- Zen, es un amigo. ¿O tú no escuchas?-
Le regaña Shian mientras Cronos y Lord le dan a Zen con las zarpas en la nuca.
- Vale vale, pillé la idea... Bienvenido al club.-
Dijo Zen acariciando su nuca dolorida.
- Bueno, ¿Cuál es el plan aquí? Enriquecernos con escritos, o... ¿Qué?-
Pregunta Joren, espectante, de la respuesta que está por llegar.
- Pues lo cierto es que tenemos pensado comprar un terreno, preferiblemente por los bosques. Queremos crear nuestro propio reino dividido en tres facciones.-
Comenta Axtor, el cual recibe un codazo de Shian, la cual añade:
- Aunque sí nos acompañas podrían ser cuatro.-
Justo cuando Joren fue a replicar, se dio cuenta que Shian tenía su arco descolgado. Por lo que accede a acompañarles.
- Bueno, ya que formo parte de este gran proyecto, os aportaré un presente.-
En ese momento Joren saca un saco medianamente grande, repleto de pladrium. Unas monedas que superan el valor de los diamantes.
- ¿De dónde has sacado tantísimo dinero?-
Preguntan los tres atónitos al mismo tiempo, mientras Joren se ríe con ahínco.
- Es mi pago por un trabajo. Con esto podremos quedarnos con un territorio que sirve de ruta mercante.-
Comenta Joren muy orgulloso.
- ¿Entonces ya cumpliste el trabajo?-
Pregunta Zen, que acaba burlándose, al ver cómo Joren palidecía.
Cuando entregan su encargo, el grupo se dirige a la ubicación marcada por Joren, donde se ven varios golem custodiando la zona, junto a varios gigantes de diferentes tamaños.
A lo lejos se oye el águila gigante gritando y el león gruñe por lo Axtor se inclina y empieza a escribir con una flecha lo que le indica el águila que ve en el terreno.
- Bien, tenemos a tres golem y cuatro gigantes. Propongo un ataque a base de distracciones.-
Comenta Axtor.
- Sabemos que los golem son muy lentos y los gigantes deben sumar el añadido de idiotas y torpes.-
Añade Zen a la información.
-Entonces el mejor plan sería que Axtor y yo fuésemos en Lord y Cronos mientras Joren va en Raven. Zen puede ir corriendo entorpeciendo a los gigantes.-
Define Shian como estrategia.
Mientras todos se preparan Joren comienza a retroceder dando ánimos y diciendo que está de acuerdo con el plan, pero Raven lo sube en su lomo y empieza a alzar el vuelo mientras los demás van a combatir.
El combate resulta ser más duro de lo esperado, esos gigantes estaban bien adiestrados y los golem tenían un buen armamento. Cosa que pilló a Zen desprevenido y tras evitar varios golpes, recibe el impacto de una maza que lo manda a volar y en ese momento, otra le impacta aplastándole contra el suelo.
Los demás ven esa escena sin poder hacer nada más que luchar por su propia vida.
Sin embargo, el gigante no consigue levantar su maza, en su lugar, esta empieza a desprender humo, hasta que acaba fundiéndose quemando las manos del gigante.
Es en ese momento cuando ven a Zen, brillando con un Aura roja y un tatuaje de un fénix en su espalda que destaca.
- Ni ahora ni nunca, podréis matar a un inmortal.-
Dice Zen según vuelve al combate.
Es justo en ese mismo instante, cuando Jorden, en vista que su varita perdía poder, lanzó un conjuro desde un pergamino, permitiendo a todos sus compañeros ampliar su tamaño temporalmente, para estar en igualdad de condiciones.
Tras algunas horas más todo finaliza. Por fin lo habían conseguido. Un claro, rodeado de un bosque enorme y majestuoso, con un lago y con muchas posibilidades.
Fue entonces cuando pudieron hacer su reino, gracias a la magia de Jorden, que lo logró concejos conjuros. Un reino basado en la magia y el físico, surgido de una amistad que se volvió inquebrantable.

Por fin el débil tendría donde refugiarse y pedir ayuda, y el mundo tendría un lugar donde crecer con lealtad, pues el reino de Zhaxjor, jamás les abandonará.